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18 de abril de 2015

Don Zacarías Cordero, el éxodo de un pionero aeronáutico


Reconocimiento a Don Zacarias Cordero 

En los días que llegué a las dependencias técnicas de la entonces Dirección  General de Aeronáutica Civil, (DGAC) del  Aeropuerto Las Américas,  alguien me refirió el nombre de un controlador de características afables, socialmente habilitado y un profesional muy bien formado en la materia. Para entonces, era costumbre enviar a los controladores aéreos con buenas calificaciones al exterior, específicamente   al  Centro Internacional de Adiestramiento de Aviación Civil (CIAAC), en Los Estados Unidos Mexicano o al CIPE  de  Buenos Aires, República de Argentina. En el Distrito Federal de México, ese controlador completó, con éxitos, el curso de controlador de Torre, aproximación y área procedimental, junto a un grupo de controladores, entre ellos su inseparable compañeros y  amigos Don  Pedro Ramírez Q.E.P.D., con quien compartió habitación de la residencia de Doña Eloiza de la calle Tabasco, 133 de la Colonia Roma del Distrito Federal. Ese profesional afable y muy social a quien me refiero  lo es Don Zacarías Cordero.

Para entonces Zacarías se desempeñaba como “Oficial de Control,  Jefe de Grupo”, siendo su equipo de trabajo, uno de los grupos al que todos  los controladores preferían pertenecer, debido a las buenas formas de Zacarías, la camaradería y distencion  en que se desarrollaban las labores en el Centro y la torre de control, así como las variadas actividades que se desarrollaban, después del término  de los turnos de trabajo. A finales del año 1976, era hábito y costumbre  reunirnos en el apartamento donde residía Zacarías Cordero,  sito  en la segunda planta de unos de los edificios del sector  “La Fuente”, próximo al  Puente Duarte  de la ciudad de Santo Domingo.

Allí en aquel ameno espacio,  recibíamos las finas atenciones, no solo de Zacarías, sino también de su amble esposa, Doña Ivon,  quien practicaba  las mismas virtudes de afabilidad y cortesía de su marido. Fue precisamente en la galería de aquel pequeño apartamento, en el año 1977, donde comenzaron a surgir las inquietudes que condujeron al plan original, para  la constitución de la Asociación Dominicana de Controladores de Tránsito Aéreo (ADCA), inquietudes que terminaron en aquella ocasión con el “chivateo” del proyecto secreto por parte de “Marino R.”, a quien los departamentos de seguridad infiltraron, para recabar información de quienes eran los cabecilla de tan grave ofensa.

La calidad profesional, el liderazgo y  su facilidad para el manejo de los recursos humano, llevaron a Zacarías a ser escogido  y  designado,  como el Encargado del  grupo de controladores y técnicos trasladados a la ciudad de  Puerto Plata, en ocasión de la inauguración del Aeropuerto Internacional Gregorio Luperon en el año 1979. A Zacarías le acompañaron un importante  grupo de controladores y  técnicos, entre los que recordamos a  Duarte Yapour, A. Volquez Kelly, Angel Mordan, los hermanos Sosa entre otros,  quienes en su mayoría  se radicaron, definitivamente en Puerto Plata, formando allí, arios de ellos, sus respectivas familias, constituyendo este hecho, el primer éxodo de personal aeronáutico.  

A mediado de la década de los ochenta me encontré de nuevo  con Zacarías, allá en la Novia del Atlántico, donde fui  designado para  servir en  a la Compañía Dominicana de Aviación (CDA),  en la época en que el  multi-empleo era prácticamente la única garantía de supervivencia para quienes laborábamos en la entonces  Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), garantía de supervivencia que también Zacarías debió practicar, laborando como despachador de vuelo en la CDA en el Gregorio Luperon, profesión  que también dominaba.  En aquel período, bajo el influyo de  las brizas del Atlántico, frente al malecón de Puerto Plata área donde vivía y aún vive Zacarías, compartí con él y su familia, inolvidables momentos escuchando música vieja, especialmente las discografías de  “Davilita”, Pedro Flores, Daniel Santo entre otros cantantes populares, momentos  que tanto disfrutamos.

En Puerto Plata, Zacarías permaneció por buen tiempo, como Encargado de la DGAC, cargo que sirvió con dignidad y eficiencia, teniendo en cuanta los limitados recursos económicos de la institución durante aquella  época. La situación cambió  con la determinante mejora institucional impulsada a mediado de los noventas, mejoras impulsadas, precisamente por el instrumento que él  ayudó  a crear, la Asociación. El problema fue que a partir de entonces,  los cargos en la DGAC, de cualquier tipo,  se tornaron interesante. De repente la institución comenzó a proyectarse hasta lograr un nivel apetecible  en el ámbito de la administración pública, situación que ha proyectado en el tiempo.  

Zacarías Cordero se quedó en Puerto Plata, en apariencia definitivamente. De igual manera lo hicieron otros controladores y técnicos del equipo de hombres que marchó  a esa ciudad, junto a Don Zacarías Cordero con las instrucciones específicas, de abrir y poner en  operación los servicios de tránsito aéreo del Aeropuerto Internacional Gregorio Luperón de la “Novia del Atlántico” en el año 1979, hace mas de tres décadas,  cuando el Presidente Don Antonio Guzmán Fernandez dejó   inaugurado el referido aeropuerto.

Después de los años transcurridos, lo más probable es que no hayamos hecho lo bastante, para proteger a Don Zacarías, pero a pesar de que no lo veo  frecuentemente, sean estas líneas mi reconocimiento  a uno de los tantos hombres, responsables de lo que es   hoy el  Instituto Dominicano de Aviación Civil  (IDAC), a casi  cuarenta años después del éxodo de Don Zacarías Cordero y del grupo de  hombres que que tuvieron la decisión de  acompañarle.

4 comentarios:

Juan Carlos Cordero dijo...

Mullix, muchas gracias por la reseña. Soy hijo de Zacarias y, la verdad, has traído gratos recuerdos a mi memoria.

Juan Carlos Cordero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ignacio Mullix dijo...

Gracias, eso es poco, Zacarias es mucho más que eso. tengo que hablar con el para algo más formal. Un abrazo.

Ignacio Mullix dijo...

Gracias, eso es poco, Zacarias es mucho más que eso. tengo que hablar con el para algo más formal. Un abrazo.